Next time is next time. Now is now.
De la casualidad y el infortunio pueden surgir cosas bellas.
En el año 2020 se tenía planeado que las olimpiadas de Tokio se llevaran a cabo. Desafortunadamente la pandemia obligó al país a posponer el evento hasta que existieran las condiciones adecuadas. Esto afectó en muchos aspectos los planes de la ciudad incluyendo elementos tan inesperados como los baños públicos. Resulta que Koji Yannai, un director ejecutivo de una empresa llamada había creado varios baños con un corte estético alrededor de la ciudad para que los turistas los presumieran durante su estancia en Tokio. El infortunio hizo que Koji buscara una forma de dar a conocer los baños públicos mediante otro medio. Razón por la que empezó a buscar escritores de guiones para hacer un documental sobre estos hermosos sanitarios. Koji pensó en contratar un director famoso para que hiciera el documental. Ese director fue Win Wenders y este convenció a Koji en hacer una película en lugar de un documental.
Esa película fue Perfect Days que nos muestra la vida de un limpiador de baños en Tokio. Su vida transcurre sin enormes dramas, metas inalcanzables o problemas sin resolver. Nuestro personaje principal Hirayama, disfruta observar las sombras de los árboles, comer su lunch en el parque y tomarse una cerveza en su bar preferido. Win Wenders retrata de forma magistral las pequeñas cosas cotidianas que redimen el sentido de la vida de Hirayama. La música nos dan pistas de los sentimientos de Hirayama, a la vez que nos invitan a reflexionar sobre la propia. Lou Reed y Nina Simone dibujan las emociones que estalllan dentro del personaje principal. Los detalles de la película como los sueños de Hirayama, los personajes que parecen invisible a los demás pero él si logra captar. Incluso el juego de gato que se esconde en secreto en el baño y en el que alguien tacha en cada visita son pequeñas acciones que mantienen la felicidad.

Soledad y estatus social
La sociedad en el siglo XXI ha sido resultado de muchos factores. La reducción en la tasa de natalidad, el trabajo remoto y las guerras culturales han creado una sociedad que cada vez reduce más el contacto con otras personas. La pandemia también generó condiciones para que la gente se acostumbrara a vivir en condiciones de aislamiento constante. Esto ha hecho que mucha de la interacción que tenemos con las personas suceda en medios virtuales y que la necesidad de crear conexiones se divida entre los presencial y lo virtual. El smartphone, uno de los inventos más importantes de este siglo ha creado a un individuo que siempre está conectado y en posibilidad de contacto. De la misma forma, ha hecho que los individuos satisfagan sus necesidades de contacto a través de medios sociodigitales que simulan interacción. Es rápida, instantánea y está abierta al mundo entero.
Esta nueva forma de vida también ha generado otro fenómeno a la par: la percepción del estatus social. Cada foto que subimos en algún lugar define nuestra posición económica, los lujos a los que tenemos acceso y nuestras posesiones. Esto ha impulsado que la competencia por simular una vida similar a la de otras personas que admiramos sea un hábito recurrente. La ambición es la clave y las posibilidades están ahí según nos dice la modernidad. Fallar no solo es culpa del individuo sino que agrega un peso muy grande en todas sus acciones. Intentar no es suficiente y nunca rendirse es el leitmotiv del emprendedor de hoy.
El resultado de esta forma de vida es el agotamiento y sensación de vacío y un desprecio por nuestra falta de éxito. Buscamos formas de exhibir quienes somos por lo que consumimos, incluso una tendencia como el minimalismo puede ser secuestrada por las clases altas para su propio goce. La vida compartida en pareja o familia pierde popularidad debido a que solo es valiosa si es apreciada en la vida en línea. La privacidad encuentra cada vez menos espacios donde existir y pareciera que cada paso que damos está vigilado por alguien, pues todos traemos medios para hacer públicas nuestras acciones y transmitirlas en vivo.
Este exceso de juicio social ha llevado a las nuevas generaciones a adoptar “hábitos” de higiene y reducción de consumo de medios digitales. Con la pandemia también se registró un exceso de virtualidad que arrojó a las nuevas generaciones a tratar los medios digitales con cautela. Estos elementos ya son característicos de la década presente. Una reacción a todo el auge ideológico de la década pasada: medios sociodigitales, movimiento woke, emprendimiento y la sociedad influencer.
Bajo estos escenarios, Win Wenders se cuestiona sobre la sociedad moderna posterior a la pandemia. Dibuja a un nuevo tipo de ser humano, que “aprenderá de alguna forma milagrosa a vivir distinto” solo para observar que se volvería todavía más insensata que antes. Fue entonces cuando el director se planteó convertir un documental sobre baños públicos japoneses en una historia sobre un individuo que viviera con lo básico y necesario. Que no se planteara una vida de éxitos y fama; pero sobre todo, que el consumo no fuera parte de su vida cotidiana. Y así es como nace Perfect Days.

La vida contemplativa
Nuestro personaje principal, Hirayama, es un limpiador de baños públicos en Tokio. En su vida predominan el hábito, el trabajo realizado con detalle y la contemplación. Este último es un elemento a resaltar del director, el limpiador de baños observa una belleza en la cotidianidad. La película no presenta un conflicto específico o una trama sino que ofrece una mirada a la vida íntima de una persona que ha puesto una enorme lupa sobre sus acciones y hábitos. El poema es la vida diaria y lo que pasa en ella. A diferencia de otras posturas filosóficas que proponen una acción constante del individuo sobre su sociedad y lo que le rodea, la vida contemplativa se empareja con la vida ascética de un monje budista o cristiano que rehuye a los placeres físicos para concentrarse en la contemplación de la belleza y los actos espirituales.
Sin embargo Hirayama no realiza estos patrones de conducta por creencias religiosas o pertenencia a un culto. El personaje ve en la belleza de lo pequeño y el hábito una razón para vivir. Estos “días perfectos” tienen una justificación en sí. Son producto del esfuerzo por reducir el ruido y aumentar el volumen de aquello que importa. Hirayama vive una vida análoga fuera de las redes sociales y el ruido de internet. Win Wenders lo presenta como el personaje idílico e hipotético de los tiempos de la pospandemia. La soledad de Hirayama es positiva, contemplativa y reflexiva. El mundo es más bello cuando se mira de cerca y a un ritmo lento (similar a la propuesta de Belleza Americana). Uno de los mejores ejemplos es la idea del komorebi, una palabra japonesa para describir las sombras que se producen por la luz de sol que traspasa las hojas de los árboles. El disfrute del komorebi en Hirayama está presente en su vida cotidiana: cuando va a almorzar al parque, cuando algo lo interrumpe en su trabajo, en sus sueños y probablemente en los libros que lee.
Aunque Hirayama vive en Tokio, no sigue el mismo ritmo de la ciudad. Busca espacios de calma como la tienda de ramen que se encuentra dentro de una estación de trenes. O el detalle de dejar su reloj en horario laboral y usarlo en sus tiempos libres. Como si el tiempo tuviera importancia solo cuando puede elegir en qué usarlo.
Ambición vs Satisfacción
A diferencia de la perspectiva americana, la propuesta de Win Wenders se basa en recuperar la idea de la satisfacción como propuesta para una nueva forma de ver la vida. En el cine hollywoodense permea más visión de la vida como ambición; una constante insatisfacción por ser más, resaltar más. La ambición como propósito único.
Hirayama propone algo opuesto, la vida como etapa permanente de satisfacción, al menos, por periodos largos de vida. El título de Perfect Days nos insinúa que no toda la vida de Hirayama permanecerá en bajo el mismo ritmo y bajo la misma “perfección”. Probablemente en una etapa anterior de vida tuvo otro trabajo y otra forma de vida. Por los detalles de la escena en que se encuentra con su hermana podemos pensar que pertenece a una familia adinerada. Quizás tuvo otro trabajo en donde vivía explotado en constante problema con las personas más cercanas a él. Aunque estos detalles no se explican, podemos intuirlos a lo largo de la película. Takeshi, por ejemplo, le pregunta a Hirayama sino se siente solo al estar soltero. Aunque el personaje no contesta directamente, si vemos que existe un interés romántico con Keiko, la dueña de un pequeño restaurante que el personaje principal visita a menudo.
En películas como Black Swan, Whiplash, The Wolf of Wallstreet, el individuo hace todo por lograr la perfección en el arte, la profesión o la riqueza desmedida. Aunque como energía puede impulsarnos como individuos hacia lugares que solo algunas personas llegan, el costo por alcanzar estos lugares puede ser terrible. Relaciones personales, salud mental y física así como la posibilidad de recurrir a la mentira, la ilegalidad y el vicio para lograr las metas propuestas.
En otras películas los personajes pueden ocultar su sentido de ambición y deseo, pero normalmente poseen características sobresalientes al ciudadano promedio. Estas características pueden verse reflejadas en el espectador y hacerlo sentir que no es suficiente. Pensar en la insignificancia de uno mismo debido a que estamos rodeados de personas y personajes ejemplares pude causar estragos a nuestra percepción de valor como individuos.
Perfect days no propone imitar la vida de Hirayama. Tampoco está proponiendo una superioridad moral del personaje. Observar el aquí y el ahora nos puede ayudar a percibir aspectos de nuestra vida que actualmente poseen mucha belleza. La satisfacción como medio de salvaguardar aquello que no siempre llama la atención, pero está ahí, lista para ser observada.




